Guionizada por Guillermo Arriaga (Amores perros y 21 Gramos), la segunda película de Lee Jones como realizador se salda como una de las más reconfortantes cintas de lo que va de este año 2006, en un recorrido por áridos parajes y furibunda polvareda amparado en un western crepuscular, de tintes agonizantes en su vena genérica, que recuerda al Peckinpah más pesimista y rudo. Con un arranque afásico, donde los tiempos se confunden y el eje narrativo se distorsiona, la cinta dibuja inolvidables personajes que serán adventicias víctimas del asesinato accidental de un mexicano ilegal que consolida una hermosa amistad con un capataz que aún cree en el honor y la palabra.
Los tres entierros de Melquiades Estrada recorre un feroz itinerario, moral y expiatorio, en busca de justicia, dignidad y redención en un ambiente fronterizo, desértico, donde los sueños se han perdido por la esperanza de un mundo mejor, pero que arraigados al pasado y al origen. Destacan particularmente Tommy Lee Jones en su faceta de actor (al que acompaña un Barry Pepper espléndido) y esa hermosa fotografía fronteriza de Chris Menges.

